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Los Carbohidratos y su papel en la alimentación II


Rubén Vega Mas
14/09/2016

Los Carbohidratos y su papel en la alimentación II



Digestión y absorción de los hidratos de carbono

La digestión de los hidratos de carbono comienza en la boca. La saliva tiene un PH ácido de 6,8 y aquí encontramos una enzima denominada amilasa, que se encarga del inicio de la degradación de los carbohidratos en la boca y el esófago. Una vez que los alimentos han llegado al estómago la amilasa salival es inactivada por el PH más ácido del estómago. En el estómago la hidrólisis ácida ayuda a la degradación a la par que las proteasas y lipasas.

Mayoritariamente, la digestión y absorción del almidón tiene lugar en el primer tramo del intestino delgado, siendo la alfa-amilasa la encargada de degradar los polí­meros en unidades más pequeñas. Esta enzima es segregada por el páncreas y su actividad es como la de la amilasa salival, dando lugar a disacáridos y trisacáridos, que son degradados a monosacáridos por las sacaridasas intestinales y otras enzimas específicas.

La glucosa y monosacáridos resultantes de este proceso son transportados desde el epitelio intestinal hasta la vena porta, donde serán llevados hasta el hígado. En el hígado pueden ser almacenados como glucógeno hepático o ser transportados hasta otros tejidos. En los tejidos periféricos pueden ser oxidados y así conseguir energía o ser almacenados como glucógeno o grasa (para ello debe darse la conversión).





Glucógeno

El glucógeno es un polisacárido, es decir, un homopolí­mero de glucosa análogo al almidón vegetal, pero con más ramificaciones que la amilopectina y más compacto. Para hacerlo más sencillo, el glucógeno es la forma en la que almacenamos la glucosa. Encontramos glucógeno en el hígado y en el músculo esquelético.

El glucógeno hepático puede constituir hasta el 10% del peso húmedo del hígado, con lo que observamos que es una gran reserva de glucosa. Por el contrario, el músculo almacena menos glucógeno que el hígado, siendo este un 1-2% de su peso húmedo. Cabe destacar, que nosotros tenemos mucha más masa muscular que tejido hepático, con lo que el contenido total de glucógeno muscular es el doble que el hepático.

El glucógeno hepático y muscular desempeñan roles diferentes. Mientras que el hepático sirve para mantener la concentración de glucosa sanguí­nea estable, el muscular es usado para síntesis de ATP, es decir, para la síntesis de energía en ese mismo tejido.

Los depósitos de glucógeno hepático varían ampliamente en respuesta a la ingesta de alimentos. Tras realizar una ingesta se acumulan grandes cantidades de glucógeno que luego van disminuyendo para controlar la glucemia y abastecer a los tejidos dependientes de glucosa.

Sin embargo, el glucógeno muscular funciona de distinto modo. Como ya he mencionado, cuando hay una actividad muscular que lo precisa, se usa como reserva de glucosa para la formación de ATP en ese mismo tejido. La mayoría de glucosa procedente del glucógeno muscular se consume en la propia célula muscular sin originar formación de glucosa libre. Esto significa, que el glucógeno muscular no es una buena fuente de glucosa para mantener los niveles sanguíneos de azúcar.

Aquí concluye la segunda entrega de esta serie de artículos. En la próxima entrega trataremos los conceptos de índice glucémico, carga glucémica y qué papel juegan hormonas como la insulina o el glucagón.

Referencias bibliogríficas

Boticario, C. Cascales Angosto, M. Digestión y metabolismo energético de los nutrientes. Plasencia, 2012. Págs 85-86.

Digestión, absorción y metabolismo de los carbohidratos en monogástricos y rumiantes. [Internet]. Disponible en: https://www.uco.es/zootecniaygestion/menu.php?tema=153

Thomas,M. Devlin, Ph.D. Bioquí­mica. Reverté,2004. 4ª edición. Págs 643-644.

Gil Hernánndez, A. Tratado de nutrición. Tomo I. Panamericana, 2010. 2ª Edición. Págs 326-331.


Categorías: Nutrición


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